El segundo día de mi estancia en Praga, como el primero, estuvo repleto de nostalgia y de Historia. Comenzó con una visita a la biblioteca de la Czech Technical University (donde hice mi intercambio). Pasé muchos días de estudio en ese lugar, pero no me canso de visitarlo porque para mí representa un ejemplo de cómo deberían ser las bibliotecas de la actualidad: modernas, abiertas, libres y con sentido del humor.

La biblioteca había sido inaugurada unos pocos meses antes de que yo hiciera mi intercambio en 2010 y la universidad estaba muy orgullosa de ella. Y con razón, pues es increíble. Recuerdo que me maravillaba la sensación de libertad y de informalidad que hay, pues tiene sillones donde uno se puede incluso acostar y no sé si todavía sea así, pero en mis tiempos se podían tomar bebidas adentro de la biblioteca y hasta una maquinita de café había.

Los colores del piso corresponden a los que aparecerían en una imagen de análisis de esfuerzos a los que está sometida la estructura, los escalones tienen indicadas las calorías quemadas en cada paso de las escaleras, todas las lámparas están orientadas hacia el centro del edificio y la cereza en el pastel: los dibujos del atrio. Fueron realizados por un artista rumano llamado Dan Perjovschi y me encantan porque son tan simples pero a la vez tan profundos.

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Como que me emocioné con las fotos, disculpen ustedes. Pero, ¿a poco no están padrísimos los dibujos? Antes de responderme, no sean tramposos y regrésense a ver detenidamente los dibujos en vez de nomás dedicarle un segundo a cada foto.

Cambiando de tema pero siguiendo con mis datos ñoños, ¿se acuerdan que en el post pasado les conté la historia de los miembros de la resistencia checa que asesinaron a Heydrich y que luego fueron asesinados en la cripta de la iglesia de San Cirilo y Metodio? Pues he aquí la continuación de esa historia: inmediatamente después del ataque a Heydrich, los nazis comenzaron a buscar a los responsables con tácticas brutales: miles de personas fueron arrestadas, cientos más ejecutadas y dos pueblitos, Lídice y Ležáky, literalmente eliminados de la faz de la tierra: los 33 hombres y mujeres de Ležáky fueron ejecutados, 11 niños fueron enviados a un campo de concentración donde también murieron y el pueblo fue completamente destruido hasta literalmente no dejar rastro de él. En Lídice la situación fue similar: todos sus 173 hombres mayores de 15 años fueron ejecutados, las mujeres y la mayoría de los niños fueron enviados a un campo de concentración, todas las construcciones fueron destruidas, los animales ejecutados e incluso el cementerio fue arrasado por los nazis.

En respuesta a estas masacres (que a diferencia de los demás horrores de los campos de concentración, los nazis no se molestaron en mantener en secreto), en muchas partes del mundo se nombraron colonias, parques, calles, memoriales y ciudades (y hasta personas) en honor a los dos pueblos que Hitler quiso, pero no pudo, desaparecer. México no se quedó atrás y en la delegación Magdalena Contreras de la CDMX existe una colonia llamada San Jerónimo Lídice.

Todo esto se los cuento porque una parte de las ejecuciones (incluidas las de varios habitantes del pueblo de Lídice y las del sacerdote ortodoxo de la iglesia de San Cirilo y Metodio donde murieron los miembros de la Operación Antropoide) ocurrieron en el campo de tiro de Kobylisy, ubicado en lo que en ese entonces eran las afueras de Praga y que ahora está completamente dentro de la ciudad. Y ahí fue a donde me dirigí después de mi visita a la biblioteca de la universidad.

Actualmente en lo que fue el campo de tiro hay un memorial rodeado por un pequeño parque donde hay placas conmemorativas con los nombres de todas las personas que fueron ejecutadas ahí. A pesar de ser un lugar de relevancia histórica para el país, no parece atraer a mucha gente: estuve completamente sola durante los 20 o 30 minutos que pasé ahí. Supongo que una de las razones es que el lugar está completamente rodeado por edificios de departamentos bastante feítos de la época soviética y aunque en realidad no está tan lejos del centro de Praga (a 5 paradas de Muzeum, una de las estaciones de metro de la Plaza de Wenceslao), ya es una zona que no tiene nada turístico, a excepción de ese memorial que en sí tampoco es tan impresionante y que sólo a los que nos encanta la Historia nos interesa. A mí me gustó mucho poder conocer el lugar, aunque estaba haciendo muchísimo calor y no paré de sudar a chorros porque estúpidamente elegí justo el medio día para ir y no había ningún lugar con sombrita para resguardarse del sol.

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Ésta es la entrada al memorial
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Placas con los nombres de todas las personas que fueron ejecutadas aquí.
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¿Se imaginan perder a 11 miembros de su familia al mismo tiempo? Pues eso fue lo que le pasó a la familia Horák; los nombres de 11 de sus miembros aparecen en estas placas 😐
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Gorazd, el sacerdote ortodoxo de la iglesia de San Cirilo y Metodio fue ejecutado el viernes 4 de septiembre de 1942 a las 14:00

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Curiosamente, mientras esperaba en la parada más cercana al memorial, un camión que me acercara a la estación de Kobylisy (no quedaba muy lejos pero estaba muy cansada y tenía muchísimo calor), noté esta pequeña etiqueta de unos 10×10 cm en el poste de luz de la parada. Son las fotos de todos los soldados que murieron en la cripta de la iglesia de San Cirilo y Metodio.

Después de pasar un rato ahí muriendo de sed y de calor, me dirigí en metro a la Plaza de Wenceslao a comer un hot dog. Hace 4 años, cuando fui con mi mamá a Praga, la llevé a comer un hot dog ahí porque era el lugar a donde iba yo a cenar/desayunar en la madrugada después de mis noches de parranda durante mi intercambio. Como le encantó su jocho, cuando le platiqué que regresaría a mi ciudad favorita este verano, me encargó que me comiera uno a su salud. Y yo, como hija obediente que soy, cumplí con el encargo:

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Después de descansar un poco, me dirigí al puente de Carlos porque turista que se respeta tiene que cruzarlo por lo menos una vez (pero pragueña que se respeta no le toma fotos porque eso es para turistas principiantes), y luego caminé a lo largo del río Vltava mientras admiraba estas bellezas:

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Unos close-ups porque lo ameritan:

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Finalmente, después de caminar un rato, llegué a una parte del río donde hay varias embarcaciones que hacen las veces de bares flotantes y que al parecer ahora es la zona de moda en la ciudad. Ahí me había quedado de ver con A, un amigo de mis días de intercambio que es de India pero que ya lleva unos 8 años viviendo en Praga. A es la persona indicada para ser mi consejero de vida porque él ha vivido experiencias parecidas a mí en el sentido de que es un extranjero viviendo en un país de la Unión Europea y pudo darme muchos consejos muy útiles basados en lo que él mismo ha vivido.

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En uno de esos barquitos compartí una banca con unos suecos que confirmaron todo lo que le estaba diciendo a A sobre los suecos: que todos se visten muy bien y que todos tienen iPhones.
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A y yo frente al Dancing Building

Me despedí de A después de un par de horas porque mi siguiente parada era el Jazz Dock, donde había quedado de verme con M (quien me estaba hospedando). Jazz Dock es mi bar favorito de Praga y no estoy exagerando si digo que tal vez es mi bar favorito del mundo. El bar está a una o dos cuadras del Dancing Building, justo a la orilla del río; tiene una decoración muy moderna pero agradable y que contrasta de una forma extrañamente armoniosa con los edificios neoclásicos que se pueden ver a través de los ventanales. Como su nombre lo indica, la música del lugar es jazz y casi todos los fines de semana hay grupos que tocan en vivo. Lo único malo es que cobran la entrada y puede llegar a ser un poco cara.

También hace 4 años, cuando estuve en Praga con mi ‘amá, la quise llevar, pero tristemente tuvimos la mala suerte de estar ahí durante unas inundaciones que causaron un caos en la ciudad: todas las estaciones céntricas de metro estaban cerradas, varios parques también y mi amado Jazz Dock, que está al nivel del río, se nos ahogó:

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Jazz Dock durante la inundación de 2013

Esta vez tuve mejor suerte y como a M también le gusta el lugar, decidimos irnos a tomar unas copas ahí junto con su primo, cuyo nombre no recuerdo pero me cayó muy bien, y a un amigo suyo que también conocí durante mis días de estudiante de intercambio pero con quien conviví muy poco. Durante un rato nos sentamos en el balcón del bar que daba al río y yo me sentí rete mal porque ellos iban super bien arreglados mientras que yo iba en unas fachas espantosas: en tenis, con la mochila de mi cámara y seguramente apestando después de haber pasado todo el día caminando y sudando como puerco por culpa del calorón checo. Debo confesar que el grupo que tocó ese día no me encantó, tocaban jazz pero con un aire hip-hopero que no me pareció que combinaba muy bien, pero de todos modos disfruté muchísimo la noche.

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Yo, M, el primo de M cuyo nombre no recuerdo y A 🙂

Cuando el grupo terminó de tocar, por ahí de la 1 de la mañana, el primo de M se ofreció a darnos aventón al depa de M, y qué bueno porque sí estaba medio lejos y hubiéramos tenido que caminar o esperar el tranvía nocturno, lo que nos hubiera tomado un buen rato. Tanto M como yo estábamos cansadísimos y ya era tarde, así que ambos nos dirigimos a nuestros respectivos cuartos y no sé él, pero yo caí como piedra después de un día tan ajetreado pero tan satisfactorio. No me canso de decirlo: Praga y su gente son una chulada. ♦︎

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