Un año, once meses y tres semanas después de haber renunciado a mi trabajo en México para venir a estudiar a Estonia, por fin he regresado al godinato. Todos estos meses como estudiante me cayeron muy bien: viví cosas padrísimas, aprendí muchísimo (dentro y fuera de la uni), me fui de Erasmus a Estocolmo, hice una tesis, compartí departamento con dos georgianas y una palestina y luego con una china, una vietnamita y una india, y pude visitar varias ciudades de Europa.

Lo único que había querido hacer desde que regresé a Europa y que por angas o mangas no había tenido chance, era ir a la ciudad que lo cambió todo en mi vida: Praga. Cuando a mediados de julio por fin me ofrecieron un trabajo que acepté y me dijeron que me presentara hasta 10 días después, vi una ventana de oportunidad que no se repetiría: tenía 8 días libres que obviamente ya no tendría una vez que empezara a trabajar, ya estaba muuuy aburrida de estar sin hacer nada en Tallín, todavía me quedaba un poco de dinero ahorrado y dentro de unos días recibiría mi primer sueldo para poder pagar mi renta.

Así que no lo pensé dos veces y le escribí a todos mis amigos que siguen viviendo en Praga. Todos, excepto uno que tenía ya otro compromiso para las fechas en las que iría, me dijeron que estarían encantados de volvernos a ver y M, mi amigo eslovaco pero que lleva muchos años viviendo en Praga, me ofreció hospedarme en un cuarto que estaría desocupado en su depa durante mi estancia en la ciudad. Compré mis boletos de avión y cinco días después me lancé a mi querida República Checa.

DSC_1123.JPG
No es difícil enamorarse de una ciudad que se ve así.

Cuando llegué al aeropuerto, M y su novia A me recibieron y fuimos a cenar pizza para ponernos al tanto de nuestras vidas. M y yo llevábamos 4 años sin vernos y a su novia A no la conocía, a pesar de que llevan ya como 6 años juntos. Fue una tarde-noche muy agradable que concluyó con una sesión de Netflix y cerveza checa con A y M.

Al día siguiente había quedado de verme con D, una amiga checa que vivió muchos años en Dubai y que me contó todas sus aventuras y desventuras como azafata de Emirates (¡Me dio muchísimo gusto verte después de 7 años, D!). Como habíamos desayunado en un café que quedaba muy cerca del lugar donde yo vivía antes, decidí emprender el camino hacia mi antiguo hogar después de que nos despedimos.

Petřín es una colina que tiene un lugar muy especial en mi corazón porque fue ahí donde viví; pero además es una zona muy bonita: una parte de la cima está cubierta por unos jardines padrísimos, incluyendo uno cubierto de rosas, un laberinto y una torre que llaman la hermana pequeña de la torre Eiffel porque sí se parece un poco, pero la verdad es que está medio chafa. Para llegar hasta este punto se puede subir por un parque que ocupa una gran parte lateral de la colina. Toda esta zona de Petřín es super pintoresca, llena de árboles y con unas vistas padrísimas de la ciudad y del castillo y que incluso es mencionada Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. ¿Pueden imaginarse la emoción que sentí cuando vi mencionado el lugar donde viví en mi libro favorito del mundo mundial?

DSC_1023
Uno de los muchos parquecitos en la cima de Petřín

Esta zona es frecuentada por muchos turistas que normalmente toman el muy pintoresco funicular (cada que digo esa palabra suena en mi cabeza la canción Funiculì Funiculà de Pavarotti) que sube a través de ese parque. Yo pensaba hacer lo mismo hasta que llegué a la entrada del funicular y vi la fila como de 100 turistas que estaban esperando para subir. Así que como buena ex-residente de Praga que se jacta de saber que podía subir caminando, decidí emprender el camino a pie. La idea sonaba muy bien de no ser porque estaba haciendo un pinche calorón y a medio camino ya iba yo sudando a chorros. Por lo menos podía detenerme a la sombra de los árboles y admirar el panorama y ciertas esculturas que no había notado antes.

DSC_1018.JPG
La vista desde el parque
DSC_1020.JPG
Fidel tiene sus fans por acá todavía.
DSC_1019
Disculpen ustedes ese rayo de sol entrometido, no lo noté cuando tomé la foto porque me estaba derritiendo y ya sólo quería llegar a la cima. Tampoco me pregunten quién es ese wey porque no tengo idea.

Si camina una un poco más allá del jardín de rosas, se llega a Strahov, la zona donde viví durante mi estancia en Praga. Lo más característico de esta zona es su mastodonte de concreto: el estadio Strahov, cuyos antiguos vestidores ahora hacen las veces de residencias de estudiantes. Estas construcciones son parte de la herencia que les dejó el comunismo, donde hacían demostraciones masivas de gimnasia sincronizada al estilo Corea del Norte. Cuenta la leyenda que el estadio es tan grande (en su interior caben más de 6 canchas de futbol), que es demasiado caro derribarlo y por eso, a pesar de estar en muy malas condiciones, ha sobrevivido hasta nuestros días. Por lo menos lo siguen usando como deportiva y es el lugar de entrenamiento oficial del equipo Sparta Praha.

dsc_1030.jpg

DSC_1039.JPG

DSC_1036

DSC_1031.JPG

Las residencias de estudiantes, por su parte, están tan feas que las renovaron hace poco y no me di cuenta hasta que me acerqué un poco más y noté que los marcos de las ventanas ya no parecían ser de madera vieja sino de metal pintado de café. M me contó después que de hecho habían recubierto los edificios con aislamiento, o sea que también las fachadas están renovadas, pero no lo noté porque habiendo tenido la oportunidad de pintarlas de un color más decente, decidieron pintarlas de color gris comunista otra vez. Fail.

dsc_1028.jpg
Por escrito, esta zona suena muy bien: un “portafolio completo de servicios”: canchas, residencias, cafetería, centro de congresos, hotel, hostal y restaurantes (eso es lo que dice el letrero). El encanto se esfuma cuando uno llega y lo ve en persona.

DSC_1025

Una vez superada la nostalgia, me dirigí a la iglesia ortodoxa de San Cirilo y Metodio. Esta iglesia queda a una cuadra del Dancing Building y justo a un lado de uno de los edificios de la Czech Technical University, donde estudié. Yo me consideraba una casi experta en lo que respecta a Praga y una conocedora medianamente bien informada sobre la Segunda Guerra Mundial, así que me resultó muy vergonzoso enterarme de que pasé por afuera de esta iglesia cada semana cuando estudiaba justo a un lado de ella y no supe de su relevancia histórica hasta varios años después de que regresé a México.

DSC_1134
Praga sufrió muy poca destrucción (materialmente hablando) durante la Segunda Guerra Mundial. La construcción que ocupaba el lote donde ahora está el Dancing Building fue uno de los pocos que fueron destruidos durante los bombardeos. El edificio simboliza a los bailarines Ginger Rogers y Fred Astaire y fue diseñado por Vlado Milunić y el famosísimo Frank Ghery. Hasta Vaclav Havel, el queridísimo expresidente checo que vivía en el edificio de al lado, tuvo que ver con este proyecto, pues lo promovió y ayudó a sacarlo adelante para poder convencer a la ciudad de construir un edificio tan diferente a los de estilo clásico, barroco y art nouveau que lo rodean.

Cuando la Alemania nazi invadió Checoslovaquia, uno de los hombres más relevantes del partido nazi, Reinhard Heydrich, fue designado por Hitler como “protector de Bohemia y Moravia” (el gobernador de lo que ahora es República Checa, vamos). A esta joyita de ser humano se le considera una de las principales mentes maestras detrás del Holocausto y era tan buena persona que sus apodos eran “El Verdugo”, “El Carnicero de Praga” y “La Bestia Rubia”. El gobierno oficial de Checoslovaquia se había exiliado en Inglaterra y en 1942 decidió utilizar a soldados de la resistencia checa que también estaban refugiados en ese país para organizar un atentado contra Heydrich en lo que llamaron la “Operación Antropoide”.

Después de unos meses de entrenamiento, varios soldados checoslovacos fueron lanzados en paracaídas en República Checa y dos de ellos fueron los encargados de emboscar a Heydrich cuando iba en su carro en camino al Castillo de Praga. Con una granada y metralletas atacaron a Heydrich, pero no lograron matarlo inmediatamente y sólo lo hirieron de gravedad, aunque finalmente murió unos días después a causa de sus heridas.

Varios de los miembros de la Operación Antropoide escaparon y se refugiaron en la cripta de la iglesia de San Cirilo y Metodio y los nazis inmediatamente comenzaron una brutal persecución para dar con los responsables del atentado. Uno de los miembros de la Operación, sintiéndose presionado por todos los arrestos y ejecuciones, decidió delatar a sus compañeros que sabía que se ocultaban en la iglesia. Con esta información, los nazis rodearon la iglesia, encontraron la cripta, se desató una batalla que duró varias horas y culminó con la muerte de todos los que ahí se escondían, varios de los cuales optaron por suicidarse al darse cuenta de que no lograrían escapar.

DSC_1045.JPG
La iglesia ortodoxa de San Cirilo y Metodio. A la altura del carro gris está la ventana por donde comenzaron a atacar a los soldados que se refugiaban en el interior de la cripta.
DSC_1040.JPG
Esta pequeña ventana da a la cripta y pueden verse aún las secuelas de la batalla. La placa conmemorativa incluye los nombres de todos los que murieron ahí, más los del sacerdote de la iglesia y su ayudante que fueron ejecutados por los nazis unos días después.
DSC_1044-2.jpg
El letrero en la fachada de la iglesia con un agujero de bala

Mis dotes de escritora no me dan para describir la sensación que da estar en ese lugar; ya de por sí es lúgubre por sí mismo: una cripta subterránea hecha de piedra, fría, llena de espacios donde alguna vez hubo restos humanos; encima de eso ver las paredes llenas de agujeros de bala y saber que estaba parada justo donde había tenido lugar la violenta muerte de varios hombres que luchaban por su país (y por todo el mundo, en realidad), me resultó muy fuerte y perturbador.

DSC_1042.JPG

DSC_1043.JPG
Ésa es la pequeña ventana rectangular que se ve desde afuera de la iglesia, sobre la cual está la placa conmemorativa. Todos los puntos blancos que se ven en las paredes son agujeros de bala.

Le dediqué un buen rato a este lugar y vi entrar y salir a muchos turistas antes de decidir que ya había estado ahí el tiempo necesario para redimir mi ignorancia. De ahí decidí dirigirme a la plaza de Wenceslao para buscar algo de comer, pero al parecer ya olvidé cómo orientarme en Praga porque terminé llegando a otra plaza. Este cambio de dirección no me vino mal porque justo por ahí está el segundo mejor restaurant de comida mexicana de Europa (después de La Neta, en Estocolmo): Las Adelitas. Así que decidí dirigirme ahí y parece que después de todo no he olvidado cómo orientarme en Praga porque di con el restaurant sin problemas. Los dueños del restaurant son mexicanos y me da gusto ver que han tenido mucho éxito porque lo ampliaron bastante y la comida sigue estando buena. Pedí unas flautas y un agua de jamaica que me supo deliciosa, sobre todo porque estaba haciendo muchísimo calor (seguramente era de sobrecito pero no me importa, a estas alturas de la vida sin haber probado comida mexicana en más de un año, no me pongo mis moños).

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_171.jpg

Cuando terminé de comer, me dirigí a un parque que quedaba también cerca de ahí (Praga está llena de parques enormes, bien padre), donde había quedado de ver a mi amigo P, a su esposa A y a su bebé T. P fue uno de mis mejores amigos checos durante mi temporada de intercambio, se casó el año pasado y tuvo un bebé, así que esta vez pude por fin conocer a A, a T y hasta a su nuevo perrito salchicha. T se parece muchísimo a ambos y es un niño super tranquilo, me cayó re bien. Platicamos un rato y luego nos fuimos a cenar a un restaurant de sushi donde habíamos quedado de encontrarnos con M y su novia A. Este restaurant de sushi es una especie de buffet con una banda transportadora que pasa a lo largo de la mesa transportando platitos con comida y uno va tomando lo que quiera de comer. ¿Alguien que sea muy conocedor de restaurantes en León y/o México me puede decir si este concepto existe allá? No recuerdo haberlo visto, pero es una muy buena idea, está rete padre eso de ir viendo toda la comida que va pasando frente a una 😀 .

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_178.jpg

Como A y P son papás muy responsables, se despidieron temprano y se fueron a casa a dormir a T, así que M, A y yo nos dirigimos al depa de M. Yo me quedé descansando en mi cuarto después de un día muy ajetreado y cuando A se fue a su casa, M y yo nos fuimos a platicar un rato a la sala. Ese “rato” terminó convirtiéndose en tres horas y el pobre M tenía que ir a trabajar al día siguiente, pero platicamos tan a gusto… M es una persona muy carismática y tiene muchísimos amigos, así que no es de sorprender que se lleve bien conmigo también, pero recuerdo que a medida que nuestra amistad iba creciendo después de que nos conocimos, sabía que perduraría más allá de los meses de intercambio aunque no nos fuéramos a ver muy seguido (ésta es sólo la segunda vez que nos vemos en 7 años, aunque hemos hablado por Skype varias veces). Esto que voy a decir es una obviedad, pero este viaje lo confirmó contundentemente: verdaderas amistades resisten la distancia y el tiempo. Así que gracias, D, P y M, por su amistad. Ustedes son en gran medida la razón por la que amo tanto a su ciudad. ♦︎

Anuncios