No recuerdo cuándo ni cómo fue que descubrí a Muse. Sólo recuerdo que fue con su álbum Black Holes and Revelations y que Starlight se convirtió en una de mis canciones favoritas desde el primer momento en que la escuché. También recuerdo que me decepcionaron mucho cuando accedieron a que Supermassive Black Hole apareciera en una de las películas de Crepúsculo, pero luego los perdoné porque su álbum The Resistance es otra joya. Cuando recién empecé a salir con uno de mis ex novios (incluso puede haber sido en nuestra primera cita, ya no me acuerdo), me regaló un DVD con la discografía completita de Muse hasta ese momento (EPs, lados-B y conciertos en vivo incluidos), que hasta la fecha conservo y que escuché cientos de veces en mis trayectos a la universidad.

A pesar de mi larga historia con Muse, nunca se me había hecho verlos en vivo porque primero habían estado en México cuando yo vivía en Europa y luego cuando volvieron a ir unos años después, los boletos se acabaron en dos segundos. Así que cuando me enteré de que irían a Riga un par de semanas antes de que regresara a México durante las vacaciones de verano, no lo dudé dos veces y compré mi boleto inmediatamente.

Unos cinco días antes del concierto, R, un conocido de la universidad que está casado con L, una chava lituana, me escribió para decirme que acababan de irse a vivir a Vilna después de pasar un par de años en México y que fuera a visitarlos cuando pudiera. La invitación me cayó de perlas porque había querido ir a Vilna desde que llegué a Tallín, pero el viaje de 9 horas en camión para llegar hasta allá me disuadía cada que lo consideraba. La ventaja en esta ocasión es que Riga está justo entre Vilna y Tallín, así que si iba a Vilna y de regreso hacía una parada en Riga para ir al concierto, el viaje no se me haría tan pesado.

Así que esto tampoco lo pensé dos veces e inmediatamente le dije que podía estar allá en dos días. La respuesta de R a mi la inmediatez de mi respuesta y de mi visita, literalmente fue “chale, pensé que estarías dormida, no estaba listo para una respuesta”. Oops 🙂

Una vez que se recuperó del shock, amablemente me respondió que preguntaría a sus suegros si podían hospedarme (ellos también estaban viviendo con los papás de L por el momento) y que nos pondríamos de acuerdo al día siguiente. Efectivamente al día siguiente nos escribimos, él me confirmó que sí podían hospedarme y un día después, a las 6 a.m., partí hacia Vilna.

Llegué alrededor de las 3 p.m. a la central de autobuses de Vilna y R y L ya estaban ahí listos para recibirme. Fuimos a tomar una cerveza para actualizarnos y básicamente para (re)conocernos, porque aunque yo conocía a R desde hacía años, en realidad nunca fuimos amigos muy cercanos y a L sólo la conocía por fotos en Facebook. Cuando nos terminamos las cervezas, nos dirigimos al centro de la ciudad y R me dijo que había de dos sopas: podía acompañarlos a un restaurant donde se reunirían con los papás, unos tíos y unos primos de L que acababan de tener un bebé a quien no conocían aún, o me iba yo sola a pasear al centro mientras ellos tenían su reunión. Lo más conveniente para todos, pensé, era ir a conocer la ciudad sola porque evidentemente la familia de L no la había visto en mucho tiempo y querrían pasar tiempo con ella y no con la amiga del esposo que acababa de llegar de visita, así que acordamos que yo regresaría al restaurant a cierta hora mientras ellos convivían.

Entonces me fui a dar el rol por la ciudad. En la catedral estaban dando una misa y hasta la estaban grabando para la televisión, así que supuse que sería un evento importante. Luego me enteré de que ese día recordaban a las miles de personas que habían sido deportadas a Siberia durante la ocupación soviética.

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Catedral de Vilna (siglo XVIII). Es una catedral católica, algo muy raro en esta parte del mundo dominada por el protestantismo.
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Vista lateral/trasera de la catedral
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La catedral fue restaurada hace unos diez años. Y, pues… ahora ese báculo (o lo que sea que eso haya sido) es sólo una varilla :/

Finalmente llegó la hora de regresar al restaurant y luego de ir a casa de los papás de L. Como R y L acababan de llegar a Lituania, el papá de L, que se dedica a la construcción, les prestó una vagoneta que él usa para su trabajo para que R y L pudieran moverse. Y permítanme que me detenga para describirles la vagoneta porque ella solita es todo un personaje. Para empezar, cuando llegamos a donde estaba estacionada, L y R me detuvieron antes de que pudiera entrar y tuvimos una conversación más o menos así:

 

R: Antes de que entres a la vagoneta debemos advertirte que huele muy mal por dentro.

Yo: ¿Tienen un cuerpo ahí adentro o qué?

R: Más bien huele como a ratón.

Yo: Ah, ¿entonces tienen el cuerpo de un ratón ahí adentro o qué?

R: Sí, puede ser, pero no lo hemos encontrado.

 

Evidentemente he visto demasiados programas de true crime. En fin. La vagoneta es muy amplia por dentro pero como la usan para transportar materiales de construcción, le quitaron todos los asientos traseros y no sé si le agregaron uno por mí o si siempre estaba ahí, pero el chiste es que en toda la inmensidad de la parte trasera de la vagoneta, sólo estaba mi triste y solitario asiento, que por cierto quedaba también bastante lejos del asiento delantero donde iban R y L.

Antes de emprender el camino a casa de los papás de L tuvimos que pasar a poner gasolina, actividad que resultó más retadora de lo que pensarían porque las gasolineras en Europa son de autoservicio, así que no hay ningún empleado que además de poner la manguera de gasolina en su lugar, limpie el parabrisas, ofrezca lubricantes por 10 pesos más y dé boletos de OxxoGas para el cine. Como ya había comentado, L y R acababan de llegar a Lituania y no habían tenido necesidad de poner gasolina ellos solos hasta entonces, así que fue un verdadero reto averiguar, para empezar, qué tipo de gasolina utilizaba esa vagoneta y luego averiguar cómo funcionaban las bombas de gasolina. Al parecer L hizo algo mal a la hora de elegir la gasolina o poner la manguera o seleccionar algo en la pantalla, pero el chiste es que la gasolina nomás no salía. L preguntó a otros clientes si podían ayudarnos (no pudieron), presionó el botón de ayuda de la bomba de gasolina y llamó a su papá. Finalmente pudo hablar con el servicio de ayuda de la gasolinera y logró abastecer la vagoneta de combustible… después de 20 minutos en los que R y yo nos sentimos las personas más inútiles en toda Lituania por no poder aportar absolutamente nada que nos ayudara a salir de esa situación.

Los papás de L viven en un lugar muy peculiar: completamente apartados en medio de un bosque, con sólo una casa cercana y ninguna otra señal de vida humana en varios kilómetros a la redonda y a la que se llega después de un largo recorrido por carretera y luego por terracería. Ese día, el papá de L les había recomendado que tomáramos un camino más tardado pero con menos camino de terracería porque parecía que iba a llover. A mí me pareció tan largo que después de un rato le pregunté casi seriamente a R si ya me llevaban de regreso a Tallín. Ah, y no se olviden del olor a ratón.

La verdad es que después de 15 minutos me acostumbré al olor y dejé de notarlo y no, no me llevaban de regreso a Tallín, sólo íbamos camino a casa. Cuando finalmente llegamos, más de una hora de camino después, entendí por qué los papás de L habían decidido irse a vivir a un lugar tan remoto. El lugar es precioso, completamente rodeado de árboles, un aire fresquísimo, sin los ruidos molestos de la ciudad ni vistas a edificios soviéticos destartalados, en una casa que ellos mismos han ido construyendo poco a poco, ni muy pequeña ni muy grande con amplios ventanales para poder ver el panorama desde el área común que conforma la cocina, el comedor y la sala.

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Éste es el panorama que rodea la casa de los papás de L.

No sé si el cuarto donde me tocó dormir va a ser el cuarto principal, pero por el momento lo estaban usando como almacén y estaba lleno de cajas, de ropa y de pinturas que había hecho L cuando estudiaba. En medio había un sofá cama con tapiz de fondo verde con flores, viejo pero comodísimo, que fue donde dormí. La casa es completamente habitable y tiene todas las comodidades de una casa moderna, pero como la han ido construyendo poco a poco, cuando fui aún le faltaban muchos detalles. Y como en ese momento donde dormí era el cuarto de los tiliches y evidentemente no era la prioridad para los papás de L durante la construcción, no tenía apagador aún y para apagar el foco había que desatornillarlo. A mí no me molestaba en absoluto, pero al día siguiente los papás de L decidieron ponerle su apagador y en la segunda noche que dormí ahí ya no tuve que desatornillar el foco. Casi extrañé tener que hacer ese pequeño ritual, le daba cierta personalidad al lugar.

Y la razón por la que considero que ese cuarto podría ser el principal es que es bastante grande y tiene una ventana enorme con una vista padrísima al bosque. La desventaja cuando fui era que no tenía cortinas. En junio. Cuando anochece a las 11 pm, amanece a las 3 am y entre esas horas el sol nunca se oculta por completo. Afortunadamente los viajes cansan y no tuve mayor problema con la luz.

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Esta foto la tomé desde la ventana de mi cuarto casi a la 1 am. El contraste en la foto no permite distinguir los árboles, pero yo los podía ver perfectamente.

Al día siguiente hicimos nuevamente el recorrido al centro de Vilna en la vagoneta con olor a ratón muerto para seguir conociendo la ciudad. Y para acompañar a R y a L a hacer trámites. Éste definitivamente no fue el típico viaje turístico, pero eso lo hizo más memorable. Este post ya es bastante largo, así que la parte dos viene más adelante, donde escribiré sobre el segundo día no menos memorable en Vilna, mi paso por Riga para ver a Muse y reencontrarme con un amigo Esloveno que vive en Riga pero que conocí en Praga (bendita globalización). Mientras tanto, fotos! ♦︎

 

 

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